Lazos de Sangre Italiana

Era un 10 de febrero de 2016, hacía mucho frío, hace ya un año de esto me encontraba en Jelsi, provincia de Campobasso, estaba muy emocionado luego de haber recorrido la casa que fue de mi bisabuelo y su familia, se respiraba un aire muy cálido a mi alrededor, que dentro mío sentía que algo más debía de descubrir en este mágico lugar del cual no quería dejar, me había encariñado con el pueblo en tan poco tiempo de haber llegado, su centro histórico me había hecho viajar en el tiempo, y más cuando recorrí la vieja casa de San Nicola 16. 

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Cuando vi aquel monumento dedicado a  los soldados caídos en la segunda guerra mundial, me llamó mucho la atención la lista de nombres, en donde se encontraba un tal Michele Palmieri, no podía dejar de pensar si pertenecía a unos de mis antepasados, me quedé mirando ese monumento un largo rato fijamente y ahí fue que me preguntaba si tal vez tendría algún pariente directo que viviera en este pueblo, sentía eso, como que no me podía irme sin antes saber si tenía algún familiar de mi sangre viviendo en estas tierras italianas. La leyenda decía así “Por la libertad de los pueblos y la suerte de Italia hizo un holocausto de su juventud”,  Caídos de Jelsi.

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Era el único Palmieri que veía en la lista, mi mente no dejaba de pensar que tal vez tuviera que ver conmigo y con mis orígenes, es más no puedo describirlo como, pero en ese momento sentía que sí, como si una voz externa me dijera que debía averiguar más, que algo hallaría.

Ya había caído la tarde por ende el Comune había cerrado como para preguntar si tenían algún dato que pudiera ayudarme. Empezaba a refrescar y se aproximaba una lluvia, debía volver por si el clima empeoraba. 

Antes de ponerme a esperar el bus de regreso, entro a hablar con el muchacho del bar que estaba enfrente mío. Le pregunto si por “casualidad” conocía algún Palmieri viviendo en este pueblo, él me dice hablando en italiano que se encuentran dos familias con ese apellido, una familia que vive en Campobasso y la otra a las afueras. No sabía decirme con exactitud a que familia pertenecía ese señor con mi mismo apellido que vivía a dos cuadras donde me encontraba. No sabía que hacer, no quería molestar a una persona mayor con mis inquietudes si realmente era pariente mío o no, podía parecer mucho atrevimiento y pensaba que no era lo adecuado golpearle la puerta así como así, no estaba muy seguro de querer ir. Entonces el muchacho me dice que siempre vienen familiares a verlo, en especial una chica joven, llamada Chiara. Seguía en lo mismo era como buscar un aguja en un pajar. 

Había comenzado a llover y ya había venido mi bus que me llevaría de regreso,  se me estaba haciendo tarde, me fui para pasar mi última noche a la ciudad de Campobasso para luego al otro día volver a Napoli. Mientras estaba en el bus, sacaba mis últimas fotografías del pueblo, pensando que pronto iba a volverla a ver.

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Mientras regresaba mirando la ventana podía apreciar paisaje único, no podía dejar de pensar si tendría viviendo en estas tierras a algún familiar de mi misma sangre, no estaba seguro pero tenía un presentimiento que sí, me tenía muy inquieto e intrigado. Entonces al llegar a mi alojamiento, prendí la notebook y gracias a la redes sociales pude ubicar a Chiara, era la única de Jelsi, no sabía que decirle, pero sin pensarlo tanto le escribí todo en detalle con nombre y apellido y toda mi linea del cual descendía como para que tenga la información suficiente y pueda darme una respuesta concreta, si me respondía bien sino lo había intentado. Al otro día ella me había respondido diciéndome que su mamá puede ser que tenga más información al respecto entonces y me dio su contacto para que hablará con ella.

Su mamá me dijo puede ser que seamos parientes, pero no entendía bien lo que me estaba diciendo, en realidad no entendía no lograba entender con claridad que era lo que estaba viviendo, ella me decía “somos parientes” pero no sabía si era por parte de ella o si conocía algún descendiente de los padres de mi bisabuelo, no podía saberlo, solo me invitó a su casa en dos semanas, no sabía que decirle, me había dicho que ella tiene un Tabacchi en Latina, a unos 80 km de Roma. 

Fue así que le confirme que iría sin ningún problema, me dijo que me esperaría en la estación de trenes junto a su esposo, en el horario que el tren arribara. Ese mismo día estaba tan ansioso que fui a comprar el billete del tren de forma inmediata.

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Llegó el día, el tren salía a las 10:30 y llegaría a Latina a 12,30, una vez en el tren me encontraba muy nervioso, mi mente no paraba de imaginar las situaciones que podían darse y ni sabía con que me encontraría. En fin una vez que llegué la vi a ella, a su marido y una tercera persona, una señora de unos casi 60 años, ella me saluda con un gran abrazo, y me dice me llamo Palmina, “Soy la esposa de Domenico Palmieri”, el primo segundo de tu papá. No podía creer lo que mis ojos estaban presenciando, y más lo que había hecho en este viaje, fue algo increíble. Quería saber más sobre esta historia que no tenía idea, estaba terminando de armar un rompecabezas de más de 140 años.

Nos subimos al auto de Filomena, con la que me había contactado para este encuentro tan inesperado y sorprendente. Mientras íbamos camino al lugar de encuentro, Palmina me comentó un poco muy por arriba que mi bisabuelo había tenido un hermano que había nacido en 1889,  él le llevaba diez años, seguramente lo conoció o no, no podíamos saberlo pero nunca más lo volvió a ver cuando en 1900 decidió emigrar para Buenos Aires con su hermano Antonio.

Les comenté un poco lo que conocía de la investigación que había hecho en base a mi bisabuelo y como estaba compuesta mi familia y de como fue que llegué a dar con ellos. 

Cuando llegamos al Tabacchi ahí me encontré con Domenico y con Caterina (su hermana), ellos tienen la edad de mis padres, fue una emoción indescriptible, ahora que lo escribo aún recuerdo lo hermoso y grato lo que había sentido ese día en ese momento. Nos miramos y nos dimos un abrazo fuerte como si me estuviera dando un abrazo con mis hermanos o mis viejos, era mi familia, teníamos la misma sangre, solo eso importaba, y les puedo asegurar que eso solo sentía. 

Filomena nos había traído un café a todos los presentes mientras nos sentábamos para asimilar el momento inolvidable, a mi no me salían las palabras, era una emoción que me salía desde adentro de mi corazón haciéndome un nudo en la garganta que no me permitía hablar con claridad, mientras trataba de explicarles un poco mi árbol genealógico con los certificados que tenía, Caterina me agarra fuerte mi mano derecha como diciéndome no tenes nada que explicarme, somos parientes, somos familia”. Así fue como sentí ese apretón, ese gesto me lo decía todo sin que ella me dijera palabra alguna, era maravilloso. Domenico estaba callado, pero me explicaba un poco quien fue su padre, y que su abuelo era Michele Vicenzo Palmieri, el tercero y último de los hermanos Palmieri de Jelsi.

Me invitaron a entrar a la casa, quedaba justo a un costado de su bar café, era una casa muy familiera, es más el Tabacchi era atendido por dos de sus hijos Ilaria y Salvatore, su hija mayor Chiara trabajaba en Termoli una ciudad de la región de Molise yendo para el lado del Adriatico por tal motivo no pudo asistir a este reencuentro, tenían mi apellido pero no teníamos parentesco, pero se conocían todos, muy amables ellos me saludaron e intercambiamos nuestros números telefónicos. La mesa era hermosa, con los detalles de cada plato, y los cubiertos con sus respectivos vasos y servilletas, era una mesa abundante  llena de queso y  jamón crudo típico de Jelsi, impresionante. Me hicieron degustar y brindamos por el gran momento histórico que estábamos viviendo y  que estaba quedando en nuestras en memorias para siempre. 

Luego del aperitivo, almorzamos unas ricas pastas con salsa típicas de Jelsi obviamente, cuando estábamos comiendo era increíble el ambiente de familia que había, parecía como si estaba con mi propia familia de Buenos Aires, era uno más de ellos, me contaban sus historias de jóvenes y todo era tan cálido y confortable.

Domenico me contó que su abuelo Michele Vicenzo Palmieri estuvo en la Primera Guerra Mundial, mientras el estaba en combate, su mujer en Jelsi esperaba por dos gemelos a los que le puso Pascuale y Michele, no los conoció ya que pereció. 

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Sus hijos Pascuale y Michele les tocó ir a la Segunda Guerra Mundial, afortunadamente solo regreso Pascuale, de ahí el nombre de los caídos de aquel monumento Michele Palmieri, caído de Jelsi en la Segunda Guerra Mundial. Estaba cerrando todo, Pascuale fue el padre de Caterina, Domenico y Michele un hermano de ellos que había fallecido hacía unos años y que vivía en Canada. Por eso un poco la emotividad adicional, en especial Caterina una señora de la misma edad que la de mi mamá, que estaba dolida por la perdida de su hermano, ella estaba feliz de que existía otra cepa  Palmieri del otro lado del Océano, que la sangre continuaba, que no se había acabado con ellos.

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Caterina se quedó con un dibujo que había hecho mostrando la línea que salía de mi bisabuelo hasta llegar a mi.  Ella me agradeció todo lo que había hecho y me había dicho que estaba muy sorprendida  que un chico de mi edad se haya tomado el trabajo de hacer todo lo que hice, es como si el poder de la sangre nos haya querido unir. Como que estaba predestinado que me encargara de terminar un círculo que estaba abierto por más de 140 años, siempre lo supe que debía hacerlo, pero nunca me imaginé lo que la vida me estaba regalando, impensado y hasta increíble. 

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De Izquierda a Derecha: Domenico, yo, Caterina y  Palmina

Antes de irme nos sacamos un par de fotos más para que tengamos de recuerdo, y también para enviarles a los hijos de Domenico y Caterina, y yo a mi familia de Buenos Aires. Nos entendimos a la perfección en todo hablando en italiano y español, un poco de todo, dicen que la sangre no hace diferencia de país ni lengua. Filomena me entregó un libro que estaba leyendo en castellano ya que estaba aprendiendo el idioma, el libro se llama “La Catedral del Mar” de Ildefonso Falcones. La dedicatoria  decía: “Con mucho Cariño a Andrés, para que vuelvas pronto para Italia”.


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Me sentí tan feliz por lo que había logrado y por lo que había conseguido y fue con creces. Fui a Italia con la idea de conocer más sobre mis orígenes y terminé descubriendo mucho más de lo que creí y encima logré algo histórico para las dos familias, necesitaban una noticia así, llegue en el momento adecuado, ese fue mi propósito, y entre tantas cosas encontré muchas respuestas que estaba buscando.

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