Todo pasa en un Aeropuerto

Eran las 10:30 de la mañana, estaba en el aeropuerto de Iguazú esperando por mi avión de regreso a Buenos Aires, en un día caluroso de verano. Faltaba una hora para mi embarque por lo que se me dio por pensar cuantos aviones había tomado en mi vida, y no recordaba no fueron muchos pero han sido bastantes, y la gran mayoría en poco tiempo o más o menos eso creo, el tiempo no existe es más una creencia nuestra que otra cosa. Estos años he vivido de forma muy vertiginosa que no he me dado cuenta.

 Los aeropuertos me gustan mucho, no sé como explicarlo pero tienen muchas cosas que no se ven habitualmente en ningún otro lado.  

Se me dio por pensar por ejemplo en la gente que lo habita, que está de paso, digamos detrás de cada persona que espera su vuelo hay una historia de vida. 

Personas que van solos/as, acompañadas, o no, con amigos, con familiares, gente de todo tipo y pensar en su motivos, si los esperarán una vez que lleguen a su destino, o por ahí no, quien sabe, tal vez, van a alguna reencuentro o evento, inclusive por un trabajo negocio, luna de miel, o van a comenzar su nueva vida a un nuevo lugar, todo es posible.

He notado que no puedo dejar de observar los detalles de cada momento que me rodea en el instante que espero mi vuelo, de repente veo una contingencia de chinos o japoneses no distingo bien, necesito anteojos, aparte no logro diferenciar su idioma porque no los escucho hablar, su vuelo a Salta estaba por salir, y ellos contentos, felices con su cámara fotográfica colgada sobre el cuello, son geniales. Yo mientras seguía escribiendo en mi banco. 

Una niña, que tendría unos 6 años, estaba con su papá, me miraba como estaba escribiendo sobre mi cuaderno que ni se imaginaría que estaba escribiendo ese preciso momento, levanto la mirada, ella me sonríe y se pone a jugar con su padre mientras su madre se encontraba mirando las pantallas, seguramente para ver que horario debería de embarcar.

A mi derecha veo dos chicas guapas, onda hippie, posiblemente se encontraban recorriendo el país, tenían pinta de ser unas mochileras inglesas, su acento londinense las delataba, una en el piso escribiendo como yo, y la otra leyendo su celular.

A mi izquierda se encuentra una muchacha con la mirada perdida quien sabe que le estará pasando o que estará pensando, tal vez su motivo del viaje sea su estado pensativo.

Se me ha pasado el tiempo, debo abordar mi vuelo, llevo el momento de levantar vuelo.

Mi conclusión es que he pasado por varios aeropuertos en mi vida, un lugar en común donde se pueden ver millones de historias o crearlas también, la vida es eso, crear y sentir. Es un punto de partida, un momento de espera para el próximo destino, la próxima aventura, una nueva experiencia, lo nuevo por venir, por Vivir.

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