Navegando en un mar de cielo

Cada vez que recuerdo mi pasado lo observo con una sonrisa, y digo soy un privilegiado no añoro nada del pasado pero todo lo que viví me da mucha alegría, es un sentimiento que recorre todo mi interior con un significado precioso.

En el camino hice muchos amigos, y he crecido junto a ellos en diferente momentos, será que estoy cada año más cerca de los cuarenta y saber que todo va por ciclos que reflexiono sobre ello. Y si vamos creciendo en mente y cuerpo al paso del tiempo pero lo más importante es la sabiduría que vamos obteniendo interiormente a corazón abierto que nos va nutriendo el «alma». 

Este año 2020 capicúa tan atípico, de golpe y porrazo tuvimos que parar todos nuestros «planes» para darnos cuenta una vez más que la vida no puede controlarse ni planearse, no significa que tus metas no puedas cumplirlas sino que lo debes aprender hoy y que ha venido para que te comprendas y asumas ese conocimiento acerca de ti para hacerte más responsable de ti mismo, sin tantas vueltas, ni pensar demasiado sino entregándote desde sentimiento puro que eres, la tierra prometida interior que debes cuidar mucho.

Para estás fechas recuerdo a toda la gente que he conocido y que esos compartieron gran parte de mi camino y que aún siguen estando a pesar de la lejanía, ya que hoy me encuentro viviendo en Barcelona. 

Comienzo a revisar fotos viejas, y ahí me encuentro con una que tendría unos ocho de edad no recuerdo si era el año 1991 o 1992,  montando un cometa mirando hacía el cielo, me encantaba ese hermoso juego de pequeño, cuando había mucho viento era más fácil que se elevara con rapidez, cuando de lejos parecía un ave moviendo sus alas volando alto como si fueran ángeles navegando en ese mar de cielo. 

Lo hermoso de todo esto de volar cometas, era la imaginación y creatividad que se tenía para hacerlos, donde se aplicaba las manualidades llenas de detalles a puro corazón, de animales, de dibujos animados, como los de Disney, los Looney Tunes, los Simpsons que eran furor en esa década, y si no me equivoco Sonic «el erizo», ese dibujo lo recuerdo muy bien, lo veía con mi hermano pequeño, aparte era un dibujo que te educaba en valores al final de cada capitulo, me encantaba.

Ibamos con mis padres, a veces íbamos con mis abuelas, a los tres nos gustaba montar cometas, pero a mi me encantaba, tenía una admiración a esas telas de papel voladoras que cuando las veías en el cielo las veía como si tuvieran alas, como si fueran ángeles que estaba flotando como si me hablaran, que se yo, la imaginación de un niño es infinita, hoy tan sólo es un recuerdo anecdótico preciosa que les estoy compartiendo, en aquel momento solía ponerme contento observar a lo que consideraba mis superhéroes.

Cuanto tiempo ha pasado de aquellos años que recuerdo con lujo de detalle esos días, y que mi sobrina Bianca me lo ha traído a  la mente cuando le pide a mi padre que la lleve a montar un cometa al parque cuando pase todo el tema del «Coronavirus». Ella es una heroína que se disfraza del «Hombre Araña», en otros de «Mini», por momentos es la «Cerdita Pepa» o por otros «Bartolito» gritando «cucurucu», y que conoce muy bien la historia de su hermano mayor y que lo tiene presente. Hoy la vida me muestra que los héroes son las personas que amamos y «los ángeles» que la vida nos regala, que son de carne y hueso, y que para mi hoy todos somos héroes enfrentando el rol que fuera en la magnitud que nos toque vivirla, comunes y corrientes y que esa fuerza que nos transforma en extraordinarios está en nuestro interior, y puedo decir que tengo a tres almas preciosas que llevan ese poder, la vida es sabía, y las raíces son al fin llenas de fortaleza.

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